25/6/09

Biciretro


Yo tenía una bici plegable que nunca plegué. Blanca y roja con el asiento en color negro. Hacía ruido porque golpeaba el protector de la cadena contra los pedales, pero como siempre escuchaba música no me molestaba. Se la he vendido a una chica esta mañana, por cuatro duros como quien dice. Era para regalársela a su novio, y me ha parecido uno de los mejores regalos que se podrían hacer, al menos a mí me haría ilusión. No tenía marchas, y ni falta que le hacían. Mis piernas ahora saben lo que es subir la cuesta de los puentes de Valencia y dejarte caer al final.
No me he dado ni un solo trompazo contra el suelo, y curiosamente, aunque dicen que las bicicletas son para el verano, y la he usado más cuando caían chuzos de punta y volvía de clase a toda pastilla intentando no parecer un trapo mojado. Mi intento era en vano, y algo suicida, sobre todo cuando los frenos resbalan como la rueda sobre el suelo mojado y creías que ibas a pasar de largo tu portal.
Debería haberla pintado de negro mate durante este año, pero he sido un tanto dejada, como con todo. Estos días estoy viendo una preciosa Vespa de color negro y creo que será el siguiente eslabón en la cadena de motorización. Sigo renegando los transportes públicos, no cambio la libertad de montar en bici por ningún autobus del futuro, ni por el apretujamiento del metro.
Ahora me quedan dos días en Valencia, el sábado me marcho a hacer un curso de Desarrollo de Videojuegos, que spero que me dé alguna llave mágica para acabar algún día haciendo animaciones o desarrollando entornos gráficos en 2D. Sino Bellas Artes me esperará, o el master de Ilustración del IED, o sino Arquitectura.
Es raro volver a casa después de 6 meses, que se dice pronto, pero han pasado volando y a la vez cargando cada día de mil recuerdos. No tengo planes de verano, y tampoco de un futuro cercano. Empezaré Julio como cada año en Madrid, rodeada de mis amigos, y dejaré que el resto del verano me diga por donde tengo que tirar. Ultimamente me estoy planteando marcharme al extranjero porque no sé bien por donde comenzar. A veces me parece que Madrid está a años luz comparado con cualquier otro sitio. Pero lo que sí tengo claro es que al año que viene tendré que hacer escala en Turín, la Toscana, Helsinki y finalmente Estocolmo. El verano del 2010 promete ser por fín el verano del interrail mochilero o cómo bien me propuso Claudia, un verano en Vespa por la Italia Oriental. Después de terminar la carrera, la verdad es que tengo mil planes que cumplir y con 20 años, tengo un colchón de 6 años para disfrutar de la ventaja de ser Joven sobre papel.
Adiós biciretro, ahora me voy a la playa por primera vez en tranvía, grrr.